
Demián Rugna: cuando el terror tiene nombre propio
Porque cuando Rugna dirige o escribe, el miedo deja de ser ficción para convertirse en experiencia.
PltoChain
1/17/20262 min read


Un autor que no subestima al público
Rugna no hace terror complaciente. No explica lo inexplicable. No protege al espectador. Y eso lo vuelve único. En sus palabras: “No escribo para el lector. Escribo las historias que a mí me gustaría leer o ver”. Esa honestidad radical es la base de su obra. Aterrados (la novela) retoma esa premisa y nos arrastra por una Ciudad Jardín poseída por lo inentendible. Desapariciones, grietas sin fondo, muertos que regresan. Todo puede pasar. Y nada está asegurado.
Cine con sello propio
Rugna hace terror argentino con ambición global. Habla desde lo propio, pero conecta con lo universal. Y eso, en una industria marcada por fórmulas y lugares comunes, es una rareza invaluable.
Una apuesta que trasciende formatos
Desde Plotchain celebramos que un autor como él forme parte de nuestra comunidad. Porque Rugna no solo aporta su talento: también representa una manera de pensar el cine y la literatura como herramientas de ruptura, exploración y riesgo.
Ofrece la oportunidad de sumarse a una narrativa poderosa, cruda y sin concesiones. Una invitación a acompañar a uno de los grandes nombres del terror contemporáneo en su próxima mutación creativa.
¿Te lo vas a perder?
Invertir en historias es invertir en futuro. Y si esas historias llevan la firma de Demián Rugna, el valor es incalculable.
Porque cuando el miedo es real, no necesita traducción. Y cuando un autor así está en movimiento, lo mejor es estar cerca.
Con una filmografía que incluye Aterrados y Cuando acecha la maldad, Rugna no solo llevó el terror argentino a los festivales más prestigiosos del mundo —como Sitges o Fantasia—, sino que también fue elegido por la crítica internacional como una de las voces más originales del cine contemporáneo. Ahora, con su primera novela publicada por Editorial Planeta, da un nuevo salto narrativo: Aterrados, el libro, expande el universo de su película más celebrada y lo lleva al terreno de la literatura con la misma fuerza visual y emocional que lo caracteriza.
Lo suyo no es casualidad. Desde chico, Rugna se obsesionó con el miedo. Dibujaba historietas, inventaba monstruos, estudiaba narrativa. Tras varios filmes autofinanciados, encontró en el apoyo estatal el impulso necesario para hacer historia. Aterrados fue el punto de quiebre. Y lo que vino después, lo confirmó: premios, distribución global y una comunidad fanática que reconoce en su obra algo fundamental. Autenticidad.

